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Natalio Vázquez Pallares, Hombre de la Revolución mexicana PDF Imprimir Correo electrónico
Sábado 26 de Marzo de 2011 00:00

Cuauhtémoc Cárdenas


XXX aniversario luctuoso del Lic. Natalio Vázquez Pallares.
Morelia, Mich., 26 de marzo del 2011.



Agradezco al H. Cabildo de Morelia y al Presidente Municipal, Lic. Fausto Vallejo, su invitación, que mucho me honra, para participar en este acto en el que recordamos al insigne michoacano Natalio Vázquez Pallares.

Natalio Vázquez Pallares fue, en todos los sentidos y antes que otra cosa, un hombre de la Revolución Mexicana. Nació en Coalcomán, el 6 de enero de 1913, con el país en plena efervescencia revolucionaria; de niño y de adolescente, vivió el fragor de la lucha; de joven se formó en las instituciones de la Revolución, recibió sus enseñanzas, abrevó de sus ideas.

Vivió para la Revolución y se entregó sin reservas al esfuerzo por alcanzar sus objetivos, a su realización. Sus armas fueron la militancia política, la palabra, la pluma y la organización. Combatió con las ideas y abriendo espacios a la participación popular.


Tomó compromiso, por decisión propia, con las causas profundas de la Revolución Mexicana. Fue un convencido de la vigencia de sus ideas, consciente al mismo tiempo de la actualización de objetivos y métodos de lucha en el tiempo, y que si bien muchos de los objetivos planteados por la Revolución no se habían alcanzado, sabía íntimamente que con la acción organizada del pueblo podrían alcanzarse, tiempo más, tiempo menos.

Convencido también que las luchas de los pueblos son por lo general largas, más largas de lo previsto, y desde luego de lo deseado por quienes se lanzan decididos a ellas, pero que a pesar de ello, el esfuerzo no debe cejar.

Enfrentó la vida con optimismo, por lo que ningún fracaso u obstáculo coyunturales, que los tuvo y confrontó, fueron lo suficientemente fuertes para hacerle perder el humor, para desanimarlo y menos aún para hacerle perder convicciones y firmeza.

Luchó en la organización estudiantil y juvenil, en la cátedra, en la tarea legislativa, en la administración pública, la organización popular, el fomento de la economía social, como articulista en la prensa, en la representación diplomática, en la militancia política, siempre por el rescate y pleno ejercicio de la soberanía de la nación, por la educación para el pueblo, por los derechos de los campesinos y los trabajadores en general, por la igualdad como esencia fundamental de la democracia y de una convivencia internacional equitativa y de paz, llevando siempre en mente y corazón a México, a Michoacán y a los michoacanos.

Se inicia en la política activa en la mejor época del ascenso revolucionario, pero la mayor parte de su actividad pública, cuatro décadas de su fructífera vida, tiene lugar en los tiempos difíciles en que deben consolidarse, para no perderse, los logros revolucionarios, y actualizarse y reactualizarse metas y formas de lucha para alcanzar aquello aún no cumplido. A ello dedica, con la pasión que lo caracterizó, pensamiento y acción.

Con el ánimo en alto y espíritu combativo se le vio muy joven presidir el Consejo Estudiantil Nicolaíta y el Partido Nacional Estudiantil pro-Cárdenas, en la creación, organización y al frente del FESO (la Federación de Estudiantes Socialistas de Occidente), al proponer en su calidad de Rector la Ley Orgánica de la Universidad Michoacana en 1939, como Diputado local y poco después federal, denunciando la inconstitucionalidad de los contratos riesgo en materia de explotación petrolera en la XL Legislatura, como Senador defendiendo el derecho de los campesinos poseedores de bosques a beneficiarse de la explotación racional de sus recursos, como activista del Movimiento de Liberación Nacional y como motor de la Unidad Revolucionaria oponiéndose a la imposición en Michoacán, solidario con la Tendencia Democrática de los trabajadores electricistas, como miembro del Jurado Internacional para juzgar los crímenes cometidos en Angola por mercenarios pagados por Gran Bretaña, en la presidencia del Comité Mexicano por la Paz y como miembro de la presidencia colectiva del Consejo Mundial por la Paz, en fin, siempre alineado con las causas profundas de la Revolución Mexicana, cuya culminación veía en la conformación de una sociedad socialista, en un régimen político cabalmente democrático y una nación en ejercicio pleno de su soberanía.

Estoy convencido, como lo estuvo Natalio Vázquez Pallares, que la Revolución Mexicana mantiene su vigencia, que la lucha fundamental de los mexicanos sigue siendo por el rescate de la soberanía nacional hasta alcanzar su ejercicio sin limitaciones impuestas desde el exterior o por intereses estrechos de minorías locales; por una democracia igualitaria, que vaya mucho más allá de lo electoral, abra vías cada vez más anchas a la participación popular y garantice a todos igualdad de oportunidades de progreso; por una educación a todos accesible, desde los grados más elementales hasta los superiores, que enseñe a aprender y a razonar, que sea, efectivamente, tanto elemento de equidad social como factor de crecimiento económico y desarrollo social; por trabajo para todos, digno, pagado con suficiencia y protegido socialmente; por un orden mundial equitativo, solidario y de paz.

El optimismo que Natalio mostró a lo largo de su vida, en las buenas y en las malas, debe llevarnos a pensar que a pesar de la situación que hoy vive el país: de delincuencia desbordada y porciones cada vez mayores de territorio nacional perdidos para el control del Estado mexicano; alrededor de 35 000 asesinados en lo que va del sexenio vinculados a la denominada delincuencia organizada; una crisis económica que se prolonga por ya tres décadas, que impide el crecimiento y periódicamente se profundiza, como sucedió cuando tuvo lugar el error de diciembre y más recientemente en el 2008-2009; una desigualdad social que se ahonda día con día, hasta ser una de las mayores en el mundo; 8 millones más de pobres que se suman en la actual administración a los que ya existían y una pobreza que así alcanza a más de las tres cuartas partes de la población; una manifiesta incapacidad del gobierno para crear las plazas de trabajo que la población reclama y un desempleo que alcanza a casi el 50% de la población económicamente activa; un flujo incesante de migrantes que cruzan la frontera norte, que se cuentan por cientos de miles cada año; un gobierno sumiso y obsecuente frente al vecino, desacreditado ante la ciudadanía e incapaz de dar rumbo y certidumbre en la solución de los problemas del país; una conducción política sin brújula, imperceptible la mayor parte del tiempo; decía que a pesar de esta situación, no debe verse como una fatalidad de la que no hay salida, sino como el resultado buscado y consciente de políticas del Estado que se instrumentan desde tres décadas atrás para hacer a México cada vez más dependiente, más indefenso y debilitado frente a los embates del exterior, más al servicio de intereses que no son los nuestros; políticas del Estado concebidas y diseñadas para concentrar la riqueza en unos cuantos y trasladar buena parte de ella al extranjero, desmantelar la economía, generar una reserva cada vez mayor de mano de obra barata, puesta a disposición de la economía del vecino.

Debemos tener confianza que es posible superar la situación actual creada por las políticas entreguistas y antipopulares de las últimas administraciones, si esas políticas se modifican radicalmente y se orientan, de manera prioritaria, a atender los problemas de la gente, a recuperar las capacidades productivas de la nación, a restablecer la confianza ciudadana en el gobierno, que, desde luego, además de instrumentar los cambios necesarios en las políticas social, económica, internacional, combate con decisión la corrupción e impone orden y rumbo en la gestión pública. Estos cambios, debe también decirse, sólo serán posibles si se logra construir y articular la acción de una mayoría política que se proponga alcanzarlos y que democráticamente se imponga a los responsables del desastre nacional que vivimos.

Una de las grandes luchas políticas de Natalio Vázquez Pallares fue para echar abajo los contratos de riesgo en la explotación del petróleo. En el primer momento no logró su anulación, pero sí logró que no se extendiera y se frenara esa forma de contratación y que en la práctica, esos contratos de hecho no se ejecutaran. Años después pudo ver que lo que él reclamaba se cumplía: se declararon inconstitucionales.

Hoy, con la denominación corriente de incentivados se les quiere revivir, como una vía para poner en manos de intereses ajenos y contrarios a los del país una actividad que la Constitución reserva en exclusiva al Estado. Habrá que esperar que esos contratos se firmen, pero, en este aniversario en el que recordamos la lucha por el petróleo de Natalio Vázquez Pallares, alertamos desde ahora a los legisladores federales patriotas a que estén atentos a que eso suceda, pues será ese el momento en que deban presentarse los recursos legales procedentes para lograr su nulidad.

Aceptar la vigencia de los contratos incentivados para la explotación de petróleo, supuestamente debido a que Petróleos Mexicanos carece de recursos para invertir en el desarrollo de la actividad petrolera, sería hacerse cómplice de empezar a abrir vías, que con el tiempo se irían haciendo más anchas, a la entrega de una actividad estratégica, como es para México la industria petrolera en sus áreas de exclusividad, a intereses contrarios a los del país, además de que con ello se estrecharían las posibilidades de recuperar para la industria petrolera y para Petróleos Mexicanos su calidad de conductores del crecimiento económico y la industrialización, de lograr que Pemex (que por cierto, es entre las grandes petroleras del mundo la que más utilidades genera antes de impuestos) se maneje como una verdadera empresa, que se modifique el régimen fiscal al que se tiene sujeto al organismo y se le trate como a cualquier otra empresa productiva, dejándole los recursos necesarios para invertir en su integración y desenvolvimiento productivo. Anular en su momento esos contratos, será por el bien de México.

En fin, actualizando metas y formas de lucha para alcanzar los objetivos esenciales de la Revolución Mexicana, es como mejor honraremos la memoria y el legado revolucionario de Natalio Vázquez Pallares.

Cuauhtémoc Cárdenas.