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Presentación del libro “La agenda internacional de América Latina: entre nuevas y viejas alianzas”. PDF Imprimir Correo electrónico
Jueves 24 de Noviembre de 2011 00:00

Cuauhtémoc Cárdenas

Fundación Friedrich Ebert.
Casa Lamm.

En “La agenda internacional de América Latina: entre nuevas y viejas alianzas” se ofrece una visión amplia de las relaciones de América Latina con otras partes del mundo, de cómo, en los últimos tiempos, estas relaciones han ido cambiando en su intensidad y diversificación, y cuáles han sido algunos de los factores que han provocado los cambios.

América Latina, como bien sabemos, es una región de gran heterogeneidad: en sus condiciones de desarrollo económico, en las desigualdades sociales, en la composición de sus poblaciones, en las formas cómo se aprovechan –o se depredan- sus recursos naturales, en las relaciones preferentes que establece cada uno de los países que la forman.

En el continente, principalmente durante el siglo XX, se desarrolló y consolidó la hegemonía política y económica de los Estados Unidos. Con este país se cruzaron –y en buena parte aún se tienen- los más importantes intercambios comerciales de todos los países del sur, y ante desavenencias políticas, Estados Unidos intervino militarmente, cuando lo consideró necesario, para alinear las fuerzas políticas de los países latinoamericanos a su favor. Las intervenciones militares norteamericanas en América Latina han sido numerosas desde los inicios del siglo XX, las más recientes, de gran violencia, se registraron en 1983 en Granada y en 1989 en Panamá, aunque Gerhard Drekonja-Kornat nos dice, quizá para tranquilizarnos y quitarnos pendientes hacia el futuro, que “[Las] intervenciones clásicas, como aquellas de los siglos XIX y XX en Latinoamérica son obsoletas, y la Doctrina Monroe ya no puede aplicarse”.


En varios de los estudios del libro que se está presentando, se señala la transformación que está teniendo lugar del mundo unipolar, producto del desenlace de la carrera armamentista que se vivió en la segunda mitad del siglo pasado, a un mundo multipolar, que sin duda se está dando, pero sin que Estados Unidos pierda hasta ahora su carácter de principal potencia militar, carácter no compartido hoy con ningún otro país, por más de la gran importancia delpotencial militar de Rusia y China y aun cuando existen hegemonías político-militares que se ejercen regionalmente, con tolerancia obligada o incluso apoyo norteamericano, como pueden ser Rusia, en el primer caso, respecto a los países surgidos del desmembramiento de la Unión Soviética, y Francia, en el segundo, con relación a sus antiguas colonias africanas.

En varios ensayos también, se destaca la importancia de los actos terroristas del 11 de septiembre del 2001, como punto de quiebre de la política de defensa y del ejercicio de la hegemonía político-militar de los Estados Unidos.

Los ataques del 11 de septiembre tuvieron entre sus efectos, que Estados Unidos se volteara hacia sí mismo, pusiera atención principal al que puede considerarse su primer círculo de defensa, aflojara ciertos hilos fuera de esta área y que se favoreciera el surgimiento de nuevos polos, respecto a los cuales cobran cada vez más importancia los intercambios comerciales latinoamericanos, pero que, como señala Juan Gabriel Tokatlian, esa multipolaridad no ha traído ni paz ni estabilidad en el mundo.

Los atentados llevaron a los Estados Unidos a formular una Nueva Estrategia de Seguridad Nacional, que se planteó una lucha total contra el terrorismo y las intervenciones o guerras preventivas contra aquellos países que a juicio de los gobernantes norteamericanos les significaran un peligro a la seguridad de su país.

Con esta visión se creó, como llama Gerhard Drekonja-Kornat, “un espacio norteamericano”, que abarca a México, Centroamérica y el Caribe, la que puede llamarse la América Latina del Norte, y una América Latina del Sur, a la que Estados Unidos parece prestar menos atención o al menos interfiere menos en sus decisiones estratégicas.

Ahora bien, en el caso particular de México, su pertenencia al espacio norteamericano pudiera decirse que se formaliza con su participación en el proyecto de la Asociación para la Prosperidad y Seguridad de América del Norte, que complementan el Plan Mérida, de carácter bilateral, y el Proyecto Mesoamericano, surgido del Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla, en el que participa junto con Belice, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y la República Dominicana, que, más allá de lo declarativo, tiene como objetivos principales, según nos dice RiordanRoett,“luchar contra el tráfico de drogas, el crimen organizado transnacional y el lavado de dinero”.

Tokatlian hace un interesante recuento de las relaciones de los países de la región con Estados Unidos en materia de defensa, que muestra aparentes contradicciones en cuanto a posiciones políticas y al final de cuentas el predominio norteamericano en la región, permitiéndome citar al respecto el párrafo siguiente: “...en 2010, por ejemplo –nos dice-, Brasil firmó con Estados Unidos un acuerdo de cooperación en defensa después de que desde 1977 no existiera un compromiso formal en este frente entre los dos países. Perú renunció en 1990 al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) de 1947, pero retiró su renuncia en 1991. Argentina, que en 1998 fue designada aliada extra-OTAN por parte de Estados Unidos, continúa siéndolo, independientemente de que la actual versión peronista en el gobierno es diferente de la de aquel entonces. Ninguno de los países sudamericanos y centroamericanos que son miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) ha denunciado el TIAR o abandonado la Junta Interamericana de Defensa. Todos los países del área han asistido con regularidad a las reuniones de Ministros de Defensa de América…”

“México–nos dice también Tokatlian- abandonó el TIAR en 2002, pero en la medida en que el país está en el área de responsabilidad del Comando Norte de Estados Unidos, se ha transformado… en parte del perímetro de defensa de Estados Unidos”.

Por lo que se asienta en estos últimos párrafos, puedo coincidir con William A. Hazleton, citado por Tokatlian, que afirmaba: “[Todas] las naciones de América Latina y el Caribe tienen relaciones exteriores; la mayoría, sin embargo, no tiene una verdadera política exterior”, sólo agrego yo, que hoy en la minoría que sí tiene política exterior se encuentran Cuba, Brasil, Uruguay, Argentina y probablemente Chile.

Aquí y ahora, observando el comportamiento de los Estados Unidos en los últimos años, en particular las intervenciones armadas en las que ha arrastrado a algunos de sus aliados, en Afganistán, Irak y Libia, tenemos que pensar en México, el vecino del sur.

Es evidente que el gobierno de Estados Unidos ha influido e incluso brinda apoyos materiales, para que el gobierno mexicano siga la política de combate al narcotráfico y a la delincuencia organizada que se ha diseñado en el norte, y que se centra en el enfrentamiento directo a ese tipo de criminalidad.

Es igualmente evidente que esa política no ha dado los resultados anunciados y seguramente esperados en el momento de su adopción. Es, por lo tanto, también evidente que ante la insuficiencia de resultados debiera darse un cambio en las correspondientes estrategias, que sería de esperarse, por lógica elemental, se diera con el cambio de la administración federal el año próximo.

Por otra parte, aunque en estos tiempos o en este siglo XXI ya no se produzcan las “intervenciones clásicas” de los Estados Unidos en nuestra región con base en la Doctrina Monroe, con los antecedentes intervencionistas aún vivos, y con amenazas que se están reiterando desde el campo republicano de la política electoral de Estados Unidos, no debe descartarse el renacimiento de las intervenciones militares norteamericanas en la región latinoamericana.

La prensa de hoy, para no ir muy lejos, destaca las declaraciones siguientes de los aspirantes a la candidatura presidencial republicana: el gobernador Rick Perry de Texas,a pregunta de si usaría la fuerza militar para enfrentar las amenazas desde México, respondió que el asunto abarca no sólo a México sino a América Latina, agregando “[Creo] que es tiempo para una Doctrina Monroe del siglo XXI. Estamos viendo países que empiezan a infiltrarse. Sabemos que Hamas y Hezbollah están trabajando en México, como Irán, con su maniobra para venir a Estados Unidos”. Herman Cain, por su parte afirmó que“una frontera insegura es una amenaza para la seguridad nacional por estas razones: uno, sabemos que los terroristas han ingresado a este país por México”. MittRomney dijo “tenemos que detener la inmigración ilegal”, anulando “los imanes” y “la amnistía” y expresó también que Hezbollah está trabajando a través de América Latina en Venezuela y México.*1

Se trata de amenazas reales de intervención, pues esas ideas son compartidas por sectores amplios de población norteamericana, a los que habría que convencer de la falsedad de esa aseveraciones y de que más importante que apoyar con equipo y recursos militares al gobierno de México, que puede seguirse haciendo, sería instrumentar programas de generación de empleo que arraiguen a la gente en las regiones de México y Latinoamérica actualmente expulsoras de población.

En fin, México debe replantear sus relaciones con los Estados Unidos. En la eventual agenda bilateral debieran considerarse, entre otros, los temas siguientes:

  • La migración irregular, problema cuya solución debe abordarse con alta prioridad en ambos países: en Estados Unidos mediante mecanismos que conduzcan a que el Estado y la sociedad reconozcan la importancia y valor de la contribución que dan los migrantes de todas las nacionalidades al progreso del país y, a partir de ello, la regularización migratoria, en un plazo políticamente razonable, de los trabajadores que hacen esas contribuciones; en México, la migración forzada se abatirá creando oportunidades de empleo formal en las regiones expulsoras de población, lo que, en las condiciones actuales exigiría un cambio radical en el modelo económico y social vigente.

  • Otro tema prioritario, a mi juicio, sería proponer un addendum al Acuerdo de libre comercio de América de Norte, en el que se considerara la creación de fondos de inversión, a semejanza de los de la Unión Europea, para superar asimetrías económicas y diferencias sociales existentes entre los tres países, con un enfoque prioritario a la creación de empleos.

  • Programas desarrollados en esta perspectiva, de crecimiento económico y mejoramiento social, complementados con una mejor inteligencia y una efectiva cooperación para frenar la delincuencia en ambos lados de la frontera y para detener los tráficos ilícitos de armas hacia México y de drogas a los Estados Unidos, harían, sin duda, más efectivo el combate al narcotráfico, al crimen organizado y a los delitos vinculados con éste en lo general, en ambos países.
  • Con una visión de largo plazo, valdría la pena empezar a diseñar y promover la suscripción de un Acuerdo continental de desarrollo, que substituyera a los acuerdos de libre comercio vigentes, y que al igual que el addendumantes citado, tuviera como objetivos principales la eliminación de asimetrías económicas y diferencias sociales en todos los países del continente.

Termino invitándolos a leer “La agenda internacional de América Latina: entre nuevas y viejas alianzas”. Encontrarán en su lectura amplia información y muchas cuestiones de interés.

*1“La Jornada”, México, D. F., 24 de noviembre del 2011 (pag. 7).