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25º aniversario del Partido de la Revolución Democrática. PDF Imprimir Correo electrónico
Martes 06 de Mayo de 2014 01:45

Cuauhtémoc Cárdenas


Teatro de la Ciudad.

México, D. F., 5 de mayo del 2014.

Inicio estas palabras con un recuerdo emocionado y rindiendo sentido homenaje a los compañeros que, desde el 2 de julio de 1988 y hasta hoy, han caído en la lucha y quedado en el camino por formar y consolidar el proyecto de soberanía plena, equidad, democracia y fraternidad para nuestra nación, desde que lo enarbolara el Frente Democrático Nacional y con el que nació el Partido de la Revolución Democrática.

Han transcurrido veinticinco años en los cuales el PRD ha sido factor decisivo para alcanzar los cambios democráticos que puedan haberse dado en el país: recuento real y efectivo de los votos, lo que no puede negarse de 1997 para acá, en que en las distintas elecciones no ha habido reclamos formales por los conteos; una autoridad electoral independiente del poder ejecutivo; apertura de los medios de comunicación e información a todos los partidos políticos y sus candidatos, con las limitaciones y distorsiones que se quieran; entre otros, además de experiencias exitosas con claro sentido social en gobiernos estatales y municipales en diferentes entidades del país.


Han sido veinticinco años de lucha en los que, si bien se han alcanzado avances en la democracia electoral, no se ha logrado que ésta sea cabalmente confiable, no se ha logrado evitar intromisiones de las más altas autoridades que han distorsionado los resultados, no se ha evitado que a las elecciones llegue dinero sucio y no ha habido la capacidad para construir la mayoría política que ponga fin al entreguismo en las grandes decisiones político-económicas, a las imposiciones neoliberales en la economía, que impida se acreciente la dependencia del exterior, que crezcan la exclusión social, la pobreza y la desigualdad, que se concentre la riqueza de manera desmedida en cada vez menos manos, que se erradique la corrupción de la vida política y económica, y, en los últimos años, que se combatan con eficacia la delincuencia organizada y la violencia.

El 14 de septiembre de 1988 lanzamos la primera convocatoria a conformar la unidad democrática y revolucionaria, se propuso lo hiciéramos “bajo la bandera primigenia de la Constitución de 1917 y los grandes principios de la Revolución Mexicana”, y agregamos:

“México requiere que formemos una organización que sea la expresión política del voto ciudadano del 6 de julio, así como del cambio cultural que la conciencia colectiva está viviendo en estos tiempos de lucha y esperanza. No nos proponemos que sea la herramienta sólo para ganar elecciones y constituir gobiernos. Queremos eso y queremos mucho más: queremos abrir los cauces para que la sociedad pueda organizarse a sí misma y a sus instituciones en libertad, con tolerancia y justicia… iremos preparando y creando en la realidad de nuestra vida social, las ideas, los elementos y las condiciones para el cambio de régimen, que en la legalidad y el ejercicio de las libertades, construya la nueva legitimidad”…

El día que tomamos la decisión de construir entre todos un partido político, el 21 de octubre del mismo 88, se dijo:

“Tenemos por delante un intenso trabajo y una trascendental tarea: construir el partido de la democracia, de la Revolución Mexicana, de la unidad patriótica, de las reivindicaciones nacionales y populares, de la constitucionalidad y del progreso; el partido donde tengan cabida, sin exclusiones ni vetos, los millones de mexicanos no organizados, los miembros de los agrupamientos políticos y sociales que no militan partidariamente y los integrantes de los partidos con registro que por decisión estatutaria y nacional decidan acompañarnos en este esfuerzo.

“Será un partido plural, como plurales fueron las participaciones políticas que condujeron a los resultados del 6 de julio, donde se respeten y reconozcan las diferentes corrientes de pensamiento, que deben tener garantizados canales abiertos para expresarse y actuar, un partido donde circulen las ideas y receptivo a la crítica, una organización donde no existan estructuras ni aparatos, más allá de los previstos estatutariamente, que se maneje internamente con una democracia transparente, un partido, como queremos a la nación, no alineado en bloques, independiente de toda organización internacional y que mantenga al mismo tiempo relaciones de amistad con los partidos que luchan por la democracia, el ejercicio pleno de las soberanías nacionales y la colaboración internacional sobre bases de equidad”.

Ese mismo día llamamos al pueblo mexicano para que nos acompañara en esa tarea, expresando:

“La organización de ciudadanos que proponemos construir necesita la capacidad de acción y decisión propias de un partido y la flexibilidad, inventiva y autonomía de sus diferentes componentes, propias de un movimiento. Será una alianza en la cual convergerán, sobre grandes principios comunes, diversas corrientes de ideas, ninguna de las cuales se considera excluyente de las otras: demócratas y nacionalistas, socialistas y cristianos, liberales y ecologistas. La enorme liberación de capacidades e ideas que está teniendo lugar en la sociedad mexicana es la que determina que este partido pueda y deba organizarse como una unidad en la diversidad, como un espacio donde sus integrantes puedan, al mismo tiempo, debatir y agruparse para luchar por objetivos comunes.

“Queremos que nuestra organización sea un instrumento de la sociedad, y no tan sólo de sus miembros y dirigentes, y para ello tendrá que dar en sus normas democráticas, en su vida interna, en la transparencia de sus recursos, en la autonomía de sus componentes regionales, en la libertad de corrientes y tendencias en su seno, en la unidad y el respeto a las decisiones colectivas y, sobre todo, en la conducta personal de cada uno de sus miembros, la imagen tangible de aquello que propone para el país y para la sociedad”.

En estos conceptos se fincó el compromiso fundamental, ante el pueblo mexicano, del partido que nos proponíamos edificar. A veinticinco años de distancia, es oportuno preguntarnos ¿qué tanto hemos logrado en lo que hasta ahora, entre todos, hemos conformado a lo largo de este cuarto de siglo; qué tan cerca o que tan lejos estamos de nuestro propósito original?

Yo respondería que nos encontramos más lejos que cerca de lo que nos propusimos y nos comprometimos a construir hace veinticinco años. ¿Responsables?: por una parte, la hostilidad que desde el Estado y de algunos de los llamados poderes fácticos se ha desatado de manera permanente, y con mayor intensidad en diferentes momentos, contra el proyecto de soberanía y democracia del PRD; y, por la otra, responsables también todos los que han formado y formamos parte de nuestra organización.

Desde afuera, el ciudadano común nos ve hoy, lo mismo que una gran parte de nosotros mismos, igual que los demás partidos políticos e iguales a los demás políticos, sea esto cierto o trátese de una visión errónea. Los partidos, los representantes populares, los funcionarios públicos, lo que la gente llama la “clase política”, está inmersa en una crisis de credibilidad y enfrenta un enorme desprestigio.

El PRD ha caído en la distorsionante práctica de tomar sus grandes decisiones por cuotas y pesos relativos; el debate de ideas no es una práctica cotidiana y los principios frecuentemente se hacen a un lado para privilegiar alianzas electorales con quienes piensan y actúan en contra de los postulados del PRD; la formación de cuadros y el trabajo de organización en aquellas partes en las que se tiene poca presencia, son asuntos olvidados.

Hay luchas muy importantes que se están librando en nuestro país y, es justo decirlo, el PRD participa activamente y en la vanguardia de ellas, pero si no logramos revertir la percepción que la gente tiene hoy del partido, acrecentada por ciertos medios e intereses creados, será difícil que confíen en nosotros.

Cuando el partido se encuentre ahí donde la gente vive sus problemas cotidianos, donde transcurre el día a día del ciudadano común, cuando vuelva a solidarizarse activamente con los trabajadores, con los campesinos, con los grupos indígenas, con los movimientos sociales y sobre todo cuando recupere cabalmente la ética en su vida interna, entonces la sociedad verá en el PRD a un instrumento útil para su mejoramiento.

Solamente al régimen entreguista y neoliberal le sirve ese discurso que dice que hay que ser una “izquierda moderna o alejada de radicalismos”. Los principios no son una moda. Si la defensa de la soberanía nacional y la defensa de nuestros recursos naturales les resultan anticuadas a los neoliberales, es mejor pasar por anticuados que ceder ante los vendepatrias; si la libertad de expresión y el derecho a la información parecen radicales a los censores, sigamos siendo radicales. Al país, de nada le sirve una izquierda dócil y dizque a la moda. Le sirve una izquierda firme en sus principios, respetuosa con quienes piensan distinto, con ética y capaz de dar ejemplo en su vida interna de lo que quiere para el país.

En 2012, después de concluido el proceso electoral federal, el PRD, nuestro partido, sufrió la más grave deserción que le haya ocurrido en veinticinco años de existencia.

Todos, con seguridad, tenemos una explicación del por qué de este hecho. Pero este no es hoy nuestro tema. Si lo es, que nunca más vuelva a suceder hecho semejante.

Tengo por lo tanto, que hablar, como siempre lo he hecho en estas asambleas, con plena franqueza, expresando mi sentir y puntos de vista frente a las perspectivas que veo para el presente y futuro inmediato del partido.

El 24 de agosto próximo se celebrarán las elecciones para integrar el nuevo Consejo Nacional y poco menos de un mes después, para elegir al presidente y secretario general de nuestra organización.

En este ambiente preelectoral, por lo que he podido conocer de diversos compañeros, de diferentes partes de la República, soplan vientos de fractura. Considero que es responsabilidad de todos nosotros, de todos los militantes del PRD, evitar que eso vaya a suceder.

Tres compañeros, los tres con trayectoria de lucha por nuestros principios, los tres con legítimo derecho, los tres con la posibilidad real de impulsar nuestro proyecto partidario, han planteado su aspiración de presidir nuestra organización. Su salida pública no ha alejado los riesgos de rompimiento y llegar en estas condiciones a la fecha convocada para elegir la nueva dirección, eleva esos riesgos, y de consumarse esa predicción, el futuro, al menos el inmediato y el de mediano plazo, es el de un partido en declive, en achicamiento, con una perspectiva de voto reducido en 2015 y 2018, con el riesgo de acercarnos a la condición de un partido político que no sea útil a causa alguna y a nadie, persona o colectivo.

Los principales problemas internos de nuestro partido son políticos, no estatutarios.

Tengamos el arrojo y el desprendimiento de darles soluciones políticas.

Un acuerdo en torno a cualquiera de los tres compañeros que han manifestado su aspiración para presidir el PRD o en torno a cualquier otro compañero, podría, desde mi punto de vista, superar el riesgo de fractura.

De no llegarse a esta situación, dado que se va a elegir a los integrantes del nuevo Consejo Nacional, que a su vez va a elegir al presidente y secretario para el próximo trienio, plantearía, con todo respeto, que los compañeros y grupos que están participando y tienen, de ahora en adelante, que participar con más intensidad en la campaña para elegir consejeros, que lo hagan con la bandera de no a la fractura, que ese sea lema de unidad y objetivo, y no los nombres de quienes pretenderían llevar a la presidencia y a la secretaría general, que no hacen falta para la elección de consejeros, que esa consigna sea lo que llame y unifique para formar la nueva mayoría entre los consejeros. Vayamos con ese propósito y lleguemos como mayoría el 21 de septiembre a la elección de presidente y secretario general.

Esta, desde luego, sólo es bandera y consigna temporal, de aquí a la elección. El PRD debe, en todo momento, seguir siendo el principal impulsor de las reivindicaciones nacionales y populares.

Tenemos al frente, coincidente con la campaña electoral interna, la demanda porque se lleve a cabo la consulta ciudadana para revertir las reformas de los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución en materia energética. Este debe ser tema prioritario de nuestra lucha: de aquí al 15 de septiembre, reunir el mayor número posible de firmas de apoyo para que la consulta se realice coincidente con la elección federal del 2015, y, después de ello, estar llamando al voto que habrá de depositarse el primer domingo de junio del año próximo, para echar abajo esas contrarreformas, punto central de nuestro programa electoral del 2015.

Tenemos también que insistir en que se revoquen las leyes reglamentarias regresivas en materia de telecomunicaciones. No podemos permitir que se limiten nuestros derechos de expresión e información, que se imponga cualquier tipo de censura, que se fortalezcan los monopolios en este campo.

La lucha por un salario mínimo que aumente por arriba de la inflación, que cumpla con el mandato constitucional de ser suficiente para permitir una vida de desahogo y dignidad para el trabajador y su familia, y el mejoramiento general de todos los salarios, deben ser demandas centrales de nuestra lucha, lo mismo que superar el estancamiento de la economía y crecer con suficiencia y sostenidamente en el largo plazo, la creación de empleo formal, la seguridad social universal, la recuperación productiva del campo, la garantía de acceso y permanencia en un sistema educativo de calidad, el refuerzo de la laicidad del Estado y sus funciones, las reivindicaciones de género, un orden internacional de justicia y equidad. La lucha por estos objetivos debe estar presente en la actividad cotidiana del PRD.

El PRD debe intensificar su presencia pública no sólo en los periodos electorales.

Es preciso salir de una discusión y un encierro entre cuatro paredes, ver sobre todo hacia afuera, construir partido todos los días, por toda la extensión del territorio nacional, estar cerca de la gente y con un permanente contacto entre militantes y dirigentes.

Estamos a tiempo para retomar el camino. Podemos hacerlo si se pone en ello voluntad política. A veinticinco años de distancia, recordemos qué partido ofrecimos a los mexicanos y qué partido nos comprometimos a edificar. ¡Cumplamos con la palabra

empeñada!

¡Democracia ya! ¡Patria para todos!

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