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Entrega del Premio Amalia Solórzano de Cárdenas a Raúl Álvarez Garín. PDF Imprimir Correo electrónico
Martes 15 de Julio de 2014 16:49

Centro Lázaro Cárdenas y Amalia Solórzano, A. C.

Entrega del Premio Amalia Solórzano de Cárdenas a Raúl Álvarez Garín.

Palacio de Minería.

México, D. F., 10 de julio del 2014.

Cuauhtémoc Cárdenas.

Constituye una distinción y una satisfacción, en nombre del Centro Lázaro Cárdenas y Amalia Solórzano, entregar el Premio Amalia Solórzano de Cárdenas en su edición 2014, a Raúl Álvarez Garín.

Raúl Álvarez Garín nació luchador y ha vivido luchador, luchador sin tregua, con una entrega sin reservas a las causas que ha hecho propias, sin desvíos ni desánimos.

Nació y se formó en un hogar de luchadores, el que integraron Manuela Garín, distinguida maestra, y Raúl Álvarez Encarnación, firme internacionalista. En un ambiente de ideas, principios, libros, discusiones y respeto a los demás, inició y arrancó la vida de Raúl.

Comenzó sus estudios profesionales en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional y de ahí pasó a la Escuela Superior de Ciencias Físico Matemáticas del Instituto Politécnico Nacional. En 1968, al mismo tiempo que estudiaba, impartía clases en la Escuela de Ciencias Biológicas del propio Instituto y era ya miembro de la Sociedad Mexicana de Matemáticas; con posterioridad, a mediados de la década de los 70, estudió en la UNAM la maestría de Estadística Matemática y fue profesor en su Facultad de Economía.

Pero la vida de Raúl, si bien enfocada y con gusto en las ciencias –y en las ciencias duras-, se ha dado desde su temprana juventud en la lucha social.

En 1958, a los 16 años, se le encuentra ya en la insurgencia sindical del magisterio y por ese mismo tiempo sumado al apoyo de electricistas, petroleros y ferrocarrileros, sin ser ajeno al “movimiento camionero”, que levantan universitarios contra el alza en los pasajes del transporte urbano y la defensa de la economía popular.

En marzo de 1959 el gobierno de Adolfo López Mateos desata una violenta represión contra los trabajadores ferrocarrileros, son detenidos cientos de ellos, y Raúl y Daniel Molina se entrevistan con el Secretario de Gobernación para pedir la libertad de un compañero. Al salir de la entrevista, a pesar del ofrecimiento de respeto a su integridad y derechos, son arbitrariamente detenidos y enviados al Campo Militar Número 1. Liberados dos semanas más tarde, inician una lucha, que han mantenido sin cejar a lo largo de sus vidas, a favor de la liberación de los presos políticos y porque no haya nunca más presos políticos en nuestro país.

Raúl, como militante y aprendiendo de su propio ejemplo, ha entendido que la organización y la formación son fundamentales. Así, ha sido, al tiempo que activo y denodado luchador, organizador y formador de luchadores, de militantes de las causas a las que él se ha entregado.

Haciendo cabeza, por el hecho simple de haber destacado por su actividad y lucidez entre los demás, es promotor principal de la Juventud Comunista de México y como parte de esa organización convoca, en la Declaración de Morelia en 1963, a la formación de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED); en la UNAM toma parte en la fundación del Bloque Estudiantil Revolucionario, que incluye a agrupaciones de distintas facultades, de las que surgirían destacados dirigentes del movimiento del 68.

En el Politécnico, junto con Fernanda Campa, es de los principales organizadores de la Vanguardia Politécnica.

Los inicios del movimiento estudiantil del 68 encuentran a Raúl como estudiante y profesor en el Instituto Politécnico. El 5 de agosto, en la Plaza del Carillón de Santo Tomás, es él quien reta al régimen expresando: “le damos al gobierno un plazo de 72 horas para resolver el pliego petitorio de seis puntos, o estallaremos la huelga nacional”, que propicia el nacimiento del Consejo Nacional de Huelga y da respaldo social y legitimidad tanto al pliego petitorio como al propio Consejo. De él también fue la iniciativa de la Marcha del silencio del 13 de septiembre, que demostró al gobierno y al país la racionalidad y razón de los estudiantes, impulsores de un movimiento político pacífico, con capacidad de organización y disciplina.

Su fortaleza de militante convierte a Raúl en representante de la Escuela de Físico Matemáticas ante el Consejo Nacional de Huelga, del que es importante promotor, así como de la Coalición de Profesores de Enseñanza Media y Superior pro Libertades Democráticas.

El fatídico 2 de octubre Raúl es secuestrado. Desaparecido por varios días, cuando reaparece detenido y algún compañero puede verlo, lo encuentra, al igual que a Félix Hernández Gamundi, Manuel Félix Valenzuela, Mauro Enciso Barrón y otros, fuertemente golpeado. Enviado a la porfiriana penitenciaría de Lecumberri, pasa ahí dos años con siete meses de injusta y arbitraria prisión, hasta que, junto con otros dirigentes del movimiento, es exiliado a Chile, de donde el 3 de junio de 1971 regresa a México, para incorporarse de inmediato y activamente a la lucha.

Lo recibe esta capital con la represión del 10 de junio, y se propone desde entonces que los responsables de muertes y atropellos, delincuentes violadores de los derechos de la gente, que tienen nombres y apellidos, respondan de sus hechos y sean sancionados tal como manda la ley.

La formación política, como parte de su vocación de maestro, ha sido objeto permanente de la atención de Raúl. De ahí, en 1971 ve la luz la revista Punto Crítico, cuyos colaboradores, sin dejar la publicación, constituyen el núcleo de la Organización Revolucionaria Punto Crítico, que asumió como función principal la preparación de cuadros políticos no partidarios, y que ya en el 88 y como parte del Frente Democrático Nacional, impulsaría la creación del Movimiento al Socialismo.

Por otra parte, Punto Crítico, como organización, fue el primer agrupamiento no partidario que se identificaba como socialista, que se sumó al Frente Democrático. Para apoyar la campaña lanzó su periódico Corre la voz, que por unos meses distribuyó como encarte “La Jornada”, pero al cancelar el diario esta posibilidad y aun distribuyéndose de mano en mano, siguió constituyendo el vehículo más importante y casi único para informar con veracidad de la campaña de las fuerzas democráticas, así como para orientar política e ideológicamente al Frente.

Al convocarse a la formación del Partido de la Revolución Democrática, Punto Crítico, bajo la orientación de Raúl, fue la primera organización que tomó como propio el proyecto, decidió su disolución y llamó a sus militantes a sumarse en lo individual al nuevo partido, convencido de la importancia que tendría que en la organización que surgía no hubiera sectas o capillas y pudiera construirse un partido unitario, sin sectarismos, respetuoso de la diversidad y con ética.

Con Raúl, así como con otros muchos compañeros y amigos, como lo expresé hace poco más de un año en la UNAM, me hubiera gustado que nos encontráramos mucho antes de 1988, pues desde trincheras distintas hemos venido coincidiendo en ideales y luchas.

En fin, así sucedió, pero de 88 para acá puedo presumir que con él hemos ido del brazo en una lucha por un México cabalmente soberano, igualitario, democrático y justo, y por un partido político que sea verdaderamente partido de la gente y para la gente, de las causas nacionales y populares, de propuestas progresistas y democráticas, latinoamericanista e internacionalista, de combate a la corrupción interna y externa, de ejemplo ético en lo político, ideológico y material en el comportamiento de sus cuadros dirigentes y de todos sus militantes.

Debo mencionar en esta ocasión, tal como lo hice en la UNAM, que en paralelo o en líneas convergentes que no llegaron a juntarse, desde 1959, en la defensa de los ferrocarrileros y por la libertad de los presos políticos coincidieron Lázaro Cárdenas y Raúl Álvarez Garín. No se dieron nunca la mano, pero el 5 de diciembre de 1969

Lázaro Cárdenas respondía a una carta enviada desde la cárcel de Lecumberri por Eli de Gortari, Gilberto R. Guevara Niebla, Raúl Álvarez Garín, Manuel Marcué Pardiñas, Florencio López P., Federico Emery Ulloa, Luis González de Alba, José Revueltas, Fausto Trejo, Saúl Álvarez Mosqueda, Eduardo Valle Espinosa, Félix L. Hernández Gamundi, Salvador Martínez, Salvador Ruiz Villegas, J. Taide Aburto, Heberto Castillo, Luis Cervantes Cabeza de Vaca, Marcos Antonio Ávila Cadena, José Carlos Andrade R., Mauro Rodríguez, Raymundo Padilla Salazar, José Luis Becerra G., Carlos Cabagne Mendoza, Antonio Morales Romero y Federico Rosas Barrera, diciéndoles:

“Recibí su atenta carta del 21 de noviembre en la que se sirven manifestar su simpatía hacia los conceptos que enuncié en la ciudad de Irapuato el 20 de noviembre, LIX aniversario de la Revolución Mexicana.

“Leí con toda atención las líneas y los anexos que me enviaron y agradezco sus amables expresiones sobre los conceptos de referencia.

“Deseo manifestarles que, sin que ustedes lo hayan requerido, ni tan siquiera mencionado en su carta, seguiré pugnando ante las autoridades correspondientes por la libertad de todas las personas que años atrás y en 1968 han sido presas por distintos hechos y circunstancias”.

En Irapuato, entre otros conceptos, Cárdenas había expresado:

“...quiero manifestar que viejos revolucionarios desearíamos que esta memorable fecha de la Revolución Mexicana, a cuyo régimen el pueblo le ha prestados su apoyo moral y material y por el cual el país ha disfrutado de un largo periodo de paz, desearíamos, repito, que el aniversario que se conmemora hoy fuese un estímulo de alegría general abriendo las puertas de la libertad a los hijos y padres detenidos por hechos circunstanciales, cuyas consecuencias todos los mexicanos deploramos.

“Consagrar esta fecha a que se manifieste la tolerancia del régimen con base en la fortaleza y estabilidad de sus instituciones, sería una de las más benéficas conmemoraciones del aniversario de la Revolución Mexicana...”

En la búsqueda de justicia, en contra de la represión y la impunidad con que la autoridad ha protegido a los responsables por los crímenes de Estado cometidos en particular el 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971, Raúl ha estado librando en estos últimos años, como miembro del Comité 68 Pro-Libertades Democráticas, una lucha singular que ha tenido, entre otros, los logros de enjuiciar y que se condene por genocidio al ex presidente Echeverría, que se inscriban los nombres de las víctimas de Tlatelolco en la estela levantada en su memoria en la Plaza de las Tres Culturas y que se mantenga viva la demanda de enjuiciar a todos aquellos que desde lo alto del poder son responsables de crímenes de Estado.

Esta vida de lucha y esfuerzo, de entrega a causas superiores de servicio al pueblo de México, a la nación y a la humanidad, vida de un patriota y un internacionalista sin tacha, es la que llevó al Consejo del Premio Amalia Solórzano de Cárdenas a decidir su otorgamiento este año a Raúl Álvarez Garín.

Agradecemos cumplidamente su aceptación a este reconocimiento. Lamentamos profundamente que no se encuentre hoy entre nosotros, en este día en que se cumple el 103 aniversario del natalicio de Amalia Solórzano, y es un gusto y una distinción que lo entreguemos a María Emilia, su esposa, compañera y amiga amorosa, a quien pido hacerlo llegar a sus manos.

Querida María Emilia: el reconocimiento que te entregamos para Raúl es una escultura del maestro Gabriel Orozco. Representa la semilla de una parota, un árbol que
crece en toda la región latinoamericana, en la que se le conoce con distintos nombres, y
crece también en lo que fuera el rancho “California”, en el municipio de Apatzingán, Michoacán, donde Lázaro y Amalia pasaron su luna de miel y muchos momentos agradables más a lo largo de sus vidas.