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Cárdenas X Cárdenas X Cárdenas PDF Imprimir Correo electrónico
Jueves 08 de Diciembre de 2016 21:59

Cuauhtémoc Cárdenas Batel


Feria Internacional del Libro

Guadalajara, Jalisco, 2 de diciembre de 2016

Gracias a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a Penguin Random House, Ricardo Cayuela y Ariel Rosales por la oportunidad de estar aquí. Celebro compartir esta mesa con el historiador Salvador Rueda Smithers y creo, no estoy seguro aún, que agradezco también a Cuauhtémoc Cárdenas, por haberme metido en este lío.

Cuauhtémoc Cárdenas no es solamente el autor de este libro sino que es también el autor de mis días y sin duda las obras de su autoría han mejorado muchísimo desde que, junto con Celeste, mi madre, me concibieron, me redactaron, me transcribieron, me
editaron y me publicaron. Solamente lamento que no me hayan corregido el estilo.

La presentación a mi cargo debe llevar por título Cárdenas x Cárdenas x Cárdenas y voy a intentar ser breve. Como supondrán conozco al autor desde hace tiempo y aún no deja de sorprenderme su enorme capacidad de trabajo y su prodigiosa memoria. Decía mi abuela Amalia: “Cuauhtémoc se acuerda de cosas que no vivió como si hubiera estado ahí.” Es justamente esa memoria la que en buena medida marca el camino en esta biografía, que es por sobre todas las cosas un recuento de la vida pública de Lázaro
Cárdenas. Algunos detalles de su vida privada se cuelan en el libro como queriendo dar contexto a sus acciones o remarcando algún rasgo de su carácter, pero no es un relato de su vida en famila, en casa o con los amigos, y hay razones para ello. El Lázaro Cárdenas que retrata este libro es el que ha trascendido por sus actos en beneficio de la colectividad, el que ha servido y sirve de ejemplo para las luchas que aún emprendemos muchos. Es pues la persona pública. Al otro, al esposo, al padre, abuelo, suegro, amigo, a ese lo guardamos celosamente como un tesoro en los afectos pues al final de cuentas qué importancia tiene para la historia, por ejemplo en el decreto que expropió los bienes a las compañías petroleras, el que a mi abuelo le gustaran las guayabas con leche.

Decía yo que la memoria del autor ha servido de guía para este libro. Esa es una de las virtudes de esta obra. Cuauhtémoc ha sido testigo de buena parte de los acontecimientos que se relatan y ha sido además el destinatario principal de los relatos de esa primera mitad de la vida de Lázaro Cárdenas que él no vivió. Cuauhtémoc es también la razón por la cual su padre continuó con la costumbre de escribir casi a diario, sus notas eran para él. Esos cuadernos, que al ser publicados se les llamó “Apuntes”, han sido una fuente riquísima para esta biografía y permiten que la propia voz de Lázaro Cárdenas se exprese en este libro. Cárdenas x Cárdenas es principalmente Lázaro por Cuauhtémoc, pero también es Lázaro x Lázaro y Cuauhtémoc x Cuauhtémoc.

Hay una serie de pasajes que llaman mi atención y me invitan a profundizar acerca de ellos en otras fuentes, por ejemplo, la existencia de un espía identificado como 10B, posiblemente un hombre llamado Miguel R. Ávila, cuyas actividades lograron desbaratar un plan del gobierno de los Estados Unidos para invadir México con 150,000 hombres como respuesta a la aprobación de la Ley Reglamentaria del Artículo 27 en el ramo del petróleo. Para 1927, 10B había fotografiado y obtenido documentos relativos a este plan en la secretaría particular del embajador James R. Sheffield y en las oficinas del agregado militar de la embajada. Los documentos se hicieron llegar al presidente Calles quien al contar con dicha información ordenó a Lázaro Cárdenas, entonces comandante militar en la Huasteca, que si se llegaba a dar la invasión de las fuerzas norteamericanas a nuestro territorio, se procediera de inmediato a prender fuego a los pozos petroleros.

Encontramos relatos de las acciones militares del jóven oficial Lázaro Cárdenas por diversas partes del país y su interacción con diversas comunidades que le permitieron a muy temprana edad conocer México a profundidad; podemos leer acerca de sus inicios en la vida política e incluso su inicial resistencia a hablar en público,“No sé hablar, ni lo acostumbro, pero esta vez es necesario…” dijo alguna vez.

En otra parte del libro se da cuenta del telegama que recibió el coronel Miguel Flores Villar, encargado de conducir detenido a México a Francisco Múgica. En dicho
telegrama recibía, de forma no muy sutil, la “orden” de matar a Múgica: “México, diciembre 10 de 1923.- Suyo de hoy. Enterados que general Francisco J. Múgica fue muerto al pretender ser libertado por sus partidarios. Lamento lo ocurrido y preséntese usted en ésta a rendir parte circunstanciado. Álvaro Obregón”. Flores Villar ayudó a escapar a Múgica en el camino y este último estuvo escondido por varios meses. Dice Cuauhtémoc: “Estos hechos fueron, en múltiples ocasiones, tema de la conversación familiar. Tengo presente que mi padre relataba que al conocer la orden de remitir al general Múgica a México, encomendó al coronel Flores Villar, que era persona de su entera confianza, cumplir con esa comisión, haciéndolo responsable con su propia vida de hacer llegar sano y salvo al general Múgica a la ciudad de México.”

Más allá de estos hechos puntuales, en Cárdenas x Cárdenas se pueden entender una serie de claves de la vida política del México posrevolucionario y me atrevería a decir más, desmonta una serie de mitos respecto a los orígenes y las formas de actuar dentro de un sistema que al paso de los años se cerró, se pervirtió, se corrió a la derecha y desde luego, traicionó sus principios fundacionales y a la Revolución misma. El general Plutarco Elías Calles era el jefe político con mayor poder a finales de los años 20 y principios de los 30, eso es una verdad del tamaño de este recinto ferial, pero su poder no era absoluto y sus deseos no necesariamente se concretaban. La sucesión presidencial de 1934 ha pasado a la historia como un momento en el cual Calles simplemente decidió que el siguiente presidente sería Lázaro Cárdenas, quien se había formado cerca de él. Esa forma tan simple de ver las cosas no resiste el más mínimo análisis. Durante los meses previos a la designación del candidato del PNR diversos sectores políticos se manifestaron en favor de distintos personajes de la vida política del país como el general Manuel Pérez Treviño, presidente del PNR, el coronel Carlos Rivapalacio quien había sido gobernador del Estado de México y secretario de Gobernación, pero sobre todo cercanísimo amigo de Calles, o el doctor José Manuel Puig Casauranc que había ocupado varias secretarías y del secretario de Guerra y Marina Lázaro Cárdenas. El “tapadísmo” fue un fenómeno que apareció décadas después. Las simpatías de Calles estaban más con PérezTreviño y en todo caso con su amigo Rivapalacio que con Cárdenas. Sin embargo Calles manifestó en alguna ocasión que si la opinión política era más favorable a Cárdenas, él lo vería con simpatía. Calles sabía del afecto y la lealtad de Lázaro Cárdenas pero sabía también que antes que serle leal a un hombre, por cercano que fuera, Cárdenas le era leal a sus principios. Así lo había demostrado y Calles había podido constatarlo. Tal vez fue justamente esa conocida lealtad a los principios antes que a él la que no dejaba a Calles del todo seguro.

No estaba en sus planes dejar de ejercer su influencia y aún así se cuidó de no manifestarse abiertamente por ninguno. Sin embargo a Calles se le alborotó el gallinero  y las mayores muestras de adhesión se dieron en favor de Cárdenas. Pérez Treviño regresó a la presidencia del partido y al poco tiempo fue remplazado por Rivapalacio.

Calles seguía manteniendo el control del partido y tenía a su hombre de más confianza al frente de él. No tardó mucho tiempo en venir el rompimiento con Calles, Cárdenas ya presidente, leal a sus principios se negó a ser un títere más y ordenó la salida de Calles rumbo al extranjero. Con esta acción Cárdenas termina con las, hasta entonces usuales formas violentas de enfrentar a los adversarios políticos.

El círculo cercano a Calles se adhiere al discurso anticomunista que fue utilizado para atacar a Lázaro Cárdenas, discurso que retoma Juan Andreu Almazán (que de una vez y para siempre hay que decirlo, era Andreu, en catalán, no Andrew en inglés mal pronunciado “Andreu”), acompañado entre otros por los fundadores del PAN; discurso que después retoma Miguel Henríquez Guzmán ofreciéndose al imperio en 1954; lo retomó López Mateos en tiempos de la invasión de Bahía de Cochinos y aún hoy se usa cuando faltan los argumentos para rebatir a Cárdenas. Lázaro Cárdenas no fue comunista, no fue marxista pero tampoco veía al comunismo como un cuerpo de ideas al que hubiera que combatir. Nunca se sintió insultado por ser calificado de comunista pues tuvo muchos amigos que lo fueron y en algunos momentos de su vida caminó junto a ellos, dio y recibió solidaridad y compartió algunos objetivos.

La relación con el Partido Comunista Mexicano fue una relación de altibajos pero habría que resumirla en dos momentos. Durante el periodo presidencial de 34-40 los comunistas mexicanos se debatían entre Trotski y Stalin y miraban con desconfianza a Cárdenas, a quien consideraban como un hombre más en el círculo callista y mientras argumentaban en favor y en contra de los líderes de la lejana Unión Soviética para ver cuál de los dos era “el rey del mambo”, Lázaro Cárdenas repartía la tierra, alentaba la organización de obreros y campesinos, impulsaba la educación, creaba instituciones como el INAH y el Politécnico, abría las puertas de México a los perseguidos y expropiaba el petróleo. Cárdenas rebasó por la izquierda al Partido Comunista. El segundo momento se da a principios de la década de 60 y a propósito del Movimiento de Liberación Nacional. Cárdenas nunca vio con buenos ojos las intenciones tanto del Partido Popular Socialista como del Partido Comunista Mexicano de manipular las actividades del Movimiento de Liberación Nacional para el provecho propio, al parecer los intereses partidistas pudieron más en ellos que la convicción de construir un movimiento que trascendiera a los partidos y se mantuviera al márgen de la actividad electoral para ser un instrumento de sectores más amplios de la sociedad que encontraban en el programa del movimiento los principios necesarios para actuar en favor del país sin importar si se ejercían cargos públicos o no. La perversión de los objetivos del MLN por parte de estas organizaciones terminó por debilitar y desaparecer al movimiento. Parece ser que la costumbre de jalar agua para su molino y no mover un dedo si no se puede traducir en votos y prebendas no es exclusivo de los partidos de hoy sino que nos viene de muchas décadas atrás y tiene muchas siglas y colores.

Al final de cuentas, si bien es cierto que Cárdenas no fue comunista, sobre todo no fue anticomunista como lo fueron muchos de sus antiguos compañeros en las armas y en la política que en su mayoría nunca entendieron qué es eso de ser comunista. En realidad lo que les preocupaba no era Lázaro Cárdenas sino ver afectados sus propios intereses, las fortunas que para los años 50 muchos habían amasado al amparo del poder, las desviaciones a las que habían llevado al proceso revolucionario y todo aquello que hablara de justicia social se volvía peligroso para ellos y así se convirtieron en caja de resonancia del macartismo. La figura de Lázaro Cárdenas les ha recordado siempre lo mucho que traicionaron y simplemente utilizaron y utilizan la palabra comunista como un insulto y se asustan con el petate del muerto.

Quiero agradecer a Cuauhtémoc Cárdenas, y con esto termino, el mantener presente a Lázaro Cárdenas. Este libro es importante porque cuenta la historia de un gran hombre pero es más importante porque el ejemplo de su actuar desinteresado en bien de México y su forma sencilla de acercarse a la gente, nos muestran cuál debería ser la norma de conducta de los gobernantes, y sobre todo porque la lectura de este libro nos ayuda a entender el presente, nos señala caminos que todavía podemos retomar pues las ideas de Lázaro Cárdenas están aún vigentes. Para muestra un botón tomado del “Llamamiento al pueblo de México” que hiciera el Movimiento de Liberación Nacional en 1961 y que estoy seguro muchos de los presentes suscribirían:

Plena vigencia de la Constitución.

Libertad para los presos políticos.

Justicia independiente, recta y democrática.

Libre expresión de las ideas.

Reforma agraria integral.

Autonomía y democracia sindical y ejidal.

Dominio mexicano de todos nuestros recursos.

Industrialización nacional sin hipotecas extranjeras.

Reparto justo de la riqueza nacional.

Independencia, dignidad y cooperación internacionales.

Solidaridad con Cuba.

Comercio con todos los países.

Pan y libertad.

Soberanía y paz.