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79° Aniversario de la Expropiación Petrolera PDF Imprimir Correo electrónico
Sábado 18 de Marzo de 2017 20:42

Cuauhtémoc Cárdenas
Discurso del ing. Cuauhtémoc Cárdenas con motivo del 79° aniversario de la Expropiación petrolera.

18 de maro de 2017
Momumento a la revolución

 

 

 

Recordamos hoy el acto reivindicatorio del 18 de marzo de 1938, cuando se está llevando a cabo, por el gobierno de la República, la destrucción consciente de la industria petrolera nacional y la entrega de los recursos energéticos de la nación a empresas privadas. En este día, la conmemoración de la Expropiación Petrolera debe aprovecharse para convocar a recuperar un desarrollo económico y social impulsado de forma diferente, exitosa, con dignidad y soberanía para beneficio sostenido de todos los mexicanos.

Es urgente señalar por lo tanto, que el fracaso evidente de la política energética actual está creando problemas que entrañan gravísimos riesgos para la estabilidad económica y social del país, y constituirán un obstáculo de grandes dimensiones para el futuro inmediato y mediato, independientemente de cual sea el rumbo político que se imponga al país al cambio de sexenio.

La contrarreforma energética impuesta en 2013 y las manipulaciones que impidieron la consulta a la sociedad sobre las reformas a los Art. 25, 27 y 28 constitucionales, que arrebataron a la Nación el dominio y la propiedad originaria de los hidrocarburos, paradójicamente, también hicieron perder la legitimidad que este gobierno hubiera tenido para conducir en orden la articulación del nuevo modelo energético que pretende instrumentar.

Al no contar con legitimidad política y moral, el gobierno se ha precipitado, sin el conocimiento, la preparación institucional y la planeación necesarias, a instrumentar un gigantesco proceso de desmantelamiento de las instituciones que el país tardó en construir 80 años, destruyendo sistemas, conocimientos adquiridos por cuadros profesionales que han sido despedidos o ignorados y servicios públicos que el país tardará mucho tiempo en recuperar. Pero que con toda seguridad, la sociedad mexicana volverá a crear. Porque lo que no entendieron  quellos que impusieron la mal llamada reforma energética, es que el país requiere para el beneficio social de sus vastos recursos energéticos, de empresas estatales sólidas, que garanticen, justamente, que la renta y el provecho de esos recursos no sean acumulados en pocas manos, sino que se distribuyan equitativamente para beneficio general de los mexicanos.

Desde el inicio del actual periodo de gobierno, cuando se anunció la intención de privatizar las industrias petrolera y eléctrica, señalamos que además de constituir un robo a la Nación, sería inviable por precipitada y porque las condiciones sociales y económicas del país no permitirán su asimilación armónica.

Hoy las consecuencias están a la vista: las licitaciones para extracción de hidrocarburos fueron desairadas por las grandes petroleras, el gobierno fue quebrado por los intereses privados en su postura inicial, conducido entonces a malbaratar los yacimientos nacionales y a extender los plazos para recibir inversiones. Este año puede terminar con más de 40 áreas concesionadas a particulares con contratos por más de 50 años, afectando severamente las reservas nacionales.

Todos y cada uno de esos contratos son problemas para el futuro porque, quiérase o no, la Nación habrá de recuperar lo que le pertenece. El rechazo a la privatización ya mostró su magnitud al inicio de este año, con las protestas en todo el país en contra del llamado gasolinazo, fruto inocultable de la contrarreforma energética de la administración.

Los contratos adjudicados por el gobierno a empresas privadas, barril por barril, no aportarán más allá del 14 o 16% de beneficios al Estado, muy alejados del 70% que ha venido aportando Pemex en ingresos fiscales; ni contribuirán al impulso que la empresa estatal ha dado a la industrialización y al desarrollo social del país en sus 79 años de existencia.

En esas circunstancias las licitaciones deben ser detenidas; no hay razón válida para que el gobierno siga entregando el presente y comprometiendo el futuro del país.

Coincidentemente, en los últimos días, la opinión pública ha conocido anuncios de empresas que desisten de su interés en invertir por falta de confianza y “pifias” en los procesos de privatización de los servicios de ductos, mientras el gobierno a hurtadillas aduce, con descaro, que con ello paga su curva de aprendizaje.

Aspecto central de las políticas energéticas de los gobiernos neoliberales, ha sido la vulneración presupuestal y la corrupción en Pemex y en la Comisión Federal de Electricidad.

Los resultados de esas políticas están a la vista: la extracción petrolera declina ante la incapacidad operativa de Pemex para detenerla; de 3.4 millones de barriles diarios que alcanzó en 2003, hoy se obtienen 2 millones; se importa más de la mitad de las gasolinas, mientras las refinerías mantienen una buena parte de su capacidad ociosa por mantenimientos insuficientes o mal programados y aumentan los accidentes de gran magnitud, como los registrados hace tres días en Salamanca y hace 5 meses en Minatitlán.

Las familias mexicanas dependen de la importación de gas licuado del petróleo y también se importan grandes cantidades de petroquímicos. En materia de generación de energía eléctrica, la CFE dejó de construir nueva capacidad y cedió esta actividad a particulares; se concesionan los recursos geotérmicos y no existe una política precisa para la transición energética, que incorpore de manera ordenada y suficiente fuentes renovables que contribuyan a evitar el calentamiento global.

La lista de errores e insuficiencias de la política energética gubernamental con facilidad podría extenderse, así como aquella de los escándalos de corrupción que alcanzan el más alto nivel gubernamental, como es el caso Odebrecht, abierto por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos en diciembre pasado.

El próximo 1 de abril el gobierno liberalizará la distribución de gasolinas por lo que desaparecerán los precios máximos administrados y cada expendedor ofrecerá combustibles al precio que considere conveniente. Esta nueva circunstancia, creada por la contrarreforma energética va a significar, en los hechos, nuevos incrementos en los precios e incluso especulación con un producto de primera importancia para la economía de las familias y de las empresas mexicanas.

Después del rechazo unánime a los aumentos a los precios de las gasolinas, el gobierno ha querido paliar el descontento social reduciendo unos cuantos centavos a los precios y con una campaña de propaganda donde atribuye tales aumentos a la imposibilidad presupuestal de mantener un supuesto subsidio al consumo de estos productos. El gobierno miente, pues no existe ningún subsidio ya que no aparece nada como tal en el presupuesto de egresos; por el contrario, lo que si existe es un incremento escandaloso a los impuestos que cobra a cada consumidor de gasolina y que este año superará los 300 mil millones de pesos.

El precio a las gasolinas debe bajar a los niveles que mantenía en diciembre de 2016.

La liberación de la distribución de gasolinas representa un negocio de más de 32 mil millones de dólares al año, que buscan aprovechar múltiples empresas extranjeras que quieren venir a México no a bajar los precios, sino a tratar de aumentar cada vez más sus ganancias. Desde ahora expresamos nuestro rechazo a esta medida, que afecta a un servicio público fundamental para la movilidad la economía y el bienestar social.

Hacia finales de este año Pemex será retirado de la comercialización de los hidrocarburos, es decir del petróleo crudo y el gas que se extraigan del subsuelo y su lugar podrá ser ocupado por un particular, de acuerdo al artículo 28 de la Ley de Hidrocarburos y a su transitorio octavo. Esta medida no sólo es un gravísimo error y una concesión privilegiada, sino que entraña además, una cesión de soberanía del Estado sobre un recurso estratégico, no sólo por su valor económico sino sobre todo por su relevancia política y social.

Otro tanto está ocurriendo con el tipo de asociaciones a las que está siendo sometido Pemex, sobre todo para la explotación de yacimientos transfronterizos o limítrofes con la frontera estadounidense, como es el caso del campo Trión. En esos casos se debe garantizar la predominancia de Pemex. En el caso concreto de esa región es claro que, por la cercanía con la infra estructura de ductos y transformación industrial ya instalados en la costa texana, los hidrocarburos que se extraigan no tocarán suelo mexicanos sino irán a parar inmediatamente al país vecino, con los riesgos para nuestra economía y la del mismo Pemex, por los obstáculos que puedan ponerse al control de los volúmenes transportados en esas redes.

El modelo energético, que surgió a partir de la expropiación petrolera de 1938, se fundó en principio de servicio público, en una planeación central y orientando el aprovechamiento de los recursos naturales prioritariamente para el desarrollo social y económico de la de la Nación. Hoy esos principios están siendo desplazados por la aplicación ciega de las leyes del mercado y la obtención del máximo beneficio posible de los particulares que se están apropiando de esos recursos naturales y servicios estratégicos para la Nación.

Otro camino es indispensable: aún con los precios internacionales del petróleo vigentes y la magnitud de la producción actual, la renta petrolera del país es muy grande y permite reorientar el rumbo y volver a hacer de Pemex una gran empresa estatal, autofinanciable, así como un factor para impulsar la industrialización y el desarrollo social del país.

Prioritariamente, se tiene que recuperar el uso de la capacidad plena de nuestras refinerías para disminuir la dependencia de las importaciones, aumentarla hasta lograr niveles suficientes para garantizar la seguridad energética del país, lo cual sólo será posible si se amplían, paralelamente, los sistemas eléctricos de transporte masivo de pasajeros y se abre paso a la incorporación de fuentes alternas de energía en todos los niveles de consumo.

Otro tema prioritario es el estímulo a la extracción de gas natural. El país no puede seguir aumentando su dependencia externa de este insumo, en particular de los Estados Unidos. México tiene recursos y Pemex debe orientar mayores esfuerzos en este campo. Es un error, en este momento, continuar concentrando la generación de electricidad en un combustible escaso, como el gas natural.

El aniversario de la Expropiación Petrolera, un acto reivindicatorio de la soberanía nacional, debe ser oportunidad para reiterar la urgencia de una política energética distinta, que cuide y administre las reservas petroleras del país para el largo plazo, que sea fundamental para el impulso a la industrialización y al crecimiento económico, así como al mayor bienestar de la población. Recuperar la condición de recursos estratégicos para los hidrocarburos y para el servicio público de electricidad, deben ser los primeros pasos de esa nueva política.

Habrá que seguir con la reconstitución de Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad como órganos del Estado mexicano y como instrumentos eje de las nuevas políticas.

Estos serán pasos patrióticos. Seguir como lo han hecho las administraciones neoliberales, será seguir traicionando a México y obstaculizando un mejor futuro.