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Instalación de la Comisión organizadora de la conmemoración del bicentenario del inicio del movimiento de Independencia Nacional y del centenario del inicio de la Revolución Mexicana PDF Imprimir Correo electrónico
Lunes 19 de Junio de 2006 00:00

Cuauhtémoc Cárdenas

Palacio Nacional.

México, D. F., 19 de junio del 2006.

 

Agradezco al Sr. Presidente Vicente Fox la invitación que me ha hecho para participar en la coordinación de los trabajos de la Comisión organizadora de la conmemoración del bicentenario del inicio del movimiento de Independencia Nacional y del centenario del inicio de la Revolución Mexicana, lo que constituye para mí una alta distinción.

 

Hace algunos días, cuando el Señor Presidente me planteó la posibilidad que tomara parte en las actividades de esta Comisión, al agradecer su confianza y el honor que se me dispensaba, le pedí, antes de dar una respuesta a su invitación, que me diera tiempo para hablar con los cinco candidatos presidenciales que contienden en la elección que tendrá lugar el 2 de julio, a fin de conocer sus respectivas opiniones sobre mi participación en esta Comisión, ya que sus funciones se desenvolverán y concluirán durante la próxima administración federal. La respuesta de todos los candidatos fue en sentido positivo y todos ofrecieron amplia colaboración para el buen desarrollo de estas conmemoraciones.

El Senado de la República tomó la iniciativa de crear esta Comisión, que deberá realizar sus actividades desde ahora y hasta el 31 de diciembre del 2010. Su encomienda específica es preparar y coordinar la realización de un programa de eventos, acciones, homenajes, calendarios cívicos, conmemoraciones y proyectos, en toda nuestra nación, para recordar estos dos aniversarios, tanto en lo que significaron en su tiempo como en su proyección en el presente hacia y el futuro. Los Consejos asesores nacional e internacional, previstos en el propio decreto, tendrán como tarea apoyar las actividades de la Comisión.

 

Se da en nuestro país la afortunada coincidencia que dos aniversarios emblemáticos, el cumplirse doscientos y cien años del inicio de dos gestas libertarias, tendrán lugar en el 2010. Y digo afortunado, porque esos movimientos, separados en el tiempo por cien años, coincidieron en el propósito emancipador que en sus respectivos momentos tuvo como ideal el pueblo mexicano. Los objetivos inmediatos de uno y otro movimiento pueden parecer diferenciados: romper las cadenas del coloniaje y acceder a una identidad nacional soberana uno, y poner fin a una dictadura opresora el otro, pero en lo mediato, ambos pretendían romper ataduras, ampliar las libertades, garantizar derechos y ofrecer un futuro de autonomía para el país y de igualdad y progreso para todos los mexicanos, y de ahí la coincidencia en sus proyecciones y su vigencia en la actualidad.

 

Conmemorar estos aniversarios no será únicamente el recuerdo y la exaltación de hazañas y logros del pasado. Tendremos que ver qué fue la Independencia entonces y qué es ahora, cómo tendremos que traer al presente los orígenes, precursores y objetivos de la Revolución Mexicana en sus distintas etapas, cual ha sido su efecto en el presente y cómo sigue aportando hacia el futuro.

 

Es importante, como lo plantea el decreto que declara 2010 año del bicentenario y del centenario y que crea la Comisión de conmemoraciones, incorporar a éstas a la sociedad en su conjunto, a sus diferentes expresiones culturales y políticas, así como sumar a la participación institucional federal, la de Estados y municipios. Se buscará, de acuerdo con el decreto, que todo mundo participe y que haya repercusiones de estas fechas significativas en todo el territorio nacional, pero hay lugares e instituciones que por su relevancia en uno u otro movimiento o en ambos, deben tener presencia destacada en estas celebraciones: Corralejo y Dolores, hoy de Hidalgo, la Alhóndiga de Granaditas de Guanajuato, Morelia y Carácuaro, el Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás, forjador de los prohombres de la Independencia, Chilpancingo y Apatzingán, San Luis Potosí, Parras, Cuatro Ciénegas y la Hacienda de Guadalupe, la Villa de Ayala, Canutillo, Querétaro de la Corregidora y de la Constitución.

 

Una trascendente disposición del decreto es la que se refiere a la necesaria consideración de la calidad pluriétnica y multicultural de nuestra nación en las diferentes actividades que se proyecten con motivo de estas conmemoraciones, así como la incorporación a las mismas de las comunidades de mexicanos del exterior.

 

2010 es, por otro lado, año también de los bicentenarios del inicio de movimientos emancipadores en varios países hermanos de América Latina: el 19 de abril en Caracas y el 20 de julio en Bogotá, en esos días del año de 1810, se instalaron las juntas criollas o de criollos, proclamando su autonomía respecto al gobierno napoleónico de España; el 25 de mayo de ese mismo año un cabildo abierto estableció un gobierno autónomo para el Virreinato del Río de la Plata en Buenos Aires y un paso similar se dio el 18 de septiembre en Santiago de Chile; en septiembre se instaló un gobierno independiente en Quito y el 11 de octubre un grupo proclamó la independencia del Ecuador; el 7 de noviembre, del mismo glorioso y turbulento 1810, el Ejército Libertador victorioso en Suipacha entró a Potosí, lo que permitió a los patriotas locales tomar el poder en Chuquisaca (hoy Sucre) y La Paz. Estos países hermanos: Venezuela, Colombia, Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, estarán celebrando en el 2010, como nosotros, dos siglos también de vida independiente y entre las actividades que desde aquí se propongan habrá que considerar algunas, que llevadas a cabo conjuntamente, fortalezcan las identidades e impulsen la unidad de las naciones y pueblos de la Patria Grande latinoamericana.

 

Los Consejos asesores nacional e internacional, que deberán tener un carácter plural en cuanto a las visiones políticas y a las actividades cotidianas de sus integrantes, habrán de quedar instalados en un plazo no mayor de noventa días y el decreto fija un plazo adicional similar para que la Comisión presente los programas que del mismo se derivan, para proceder a su inmediata puesta en marcha.

 

Puede bien adelantarse que entre los eventos y programas a realizar se contarán congresos y foros, exposiciones culturales y artísticas, concursos, justas deportivas, la erección de monumentos simbólicos de ambos centenarios; que se buscará que los eventos municipales y estatales se vinculen entre si y con los proyectados por la Comisión nacional, así como la incorporación activa no sólo de personas e instituciones del medio oficial, sino de manera destacada de instituciones de educación, cultura e investigación, de niños y jóvenes, de casas editoriales, la radio, la televisión, las asociaciones de publicidad, etc., pero quizá lo de mayor trascendencia que pueda proponerse para estas conmemoraciones por la Comisión, constituida por las más altas representaciones de los tres poderes de la Unión, es que en el plazo que se extiende hasta el 31 de diciembre del 2010, el país y los mexicanos avancemos en alcanzar metas sociales y económicas determinadas, cuantificables, que fortalezcan la unidad y den cohesión a los mexicanos y pongan en movimiento de manera articulada a los tres poderes federales y estatales, a los gobiernos en sus tres niveles administrativos y a la sociedad en su conjunto, que tengan repercusión en objetivos y valores que fueron de aquellos dos grandes movimientos y que sin lugar a dudas mantienen vigencia, como la ampliación de nuestras libertades, garantizar la igualdad ante las oportunidades de mejoramiento y progreso o la equidad en las relaciones internacionales, lo que podría llevarnos, entre otras finalidades –me aventuro a expresarlo aquí sólo como algunas ideas de las muchas que habrán de considerarse para estas conmemoraciones-, a alcanzar metas en lo que hace a la erradicación de la pobreza extrema y las enfermedades curables, del analfabetismo, la nutrición de todos los niños, la cobertura y calidad de la educación, en vivienda o en infraestructuras básicas para nuestro desarrollo, o, en otros aspectos igualmente trascendentes, a pensar muy seriamente en el replanteamiento de nuestro pacto federal, acto fundacional de la República, que conduzca a un proceso de revisión cuidadosa y de amplia discusión democrática de nuestra Constitución y como resultado de ello, a la elaboración de una nueva ley suprema que contribuya para que México y los mexicanos enfrentemos en mejores condiciones y con éxito los retos que ya plantea este siglo XXI en el que nos adentramos.

 

Gracias de nuevo, Señor Presidente, por su confianza.