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Conferencia sobre la crisis COPARMEX-JALISCO PDF Imprimir Correo electrónico
Martes 19 de Mayo de 2009 00:00

Cuauhtémoc Cárdenas

Deseo agradecer al Consejo Directivo de COPARMEX-Jalisco la cordial invitación que me ha hecho para acompañarlos en su reunión de hoy, lo que me permitirá cambiar impresiones con ustedes, sus integrantes, representantes de un importante y valioso sector productivo de nuestro país, sobre temas que a todos nos interesan.

 

En una reunión con empresarios, en una ciudad y un Estado con un dinamismo económico ejemplar, tenemos que hablar de la crisis por la que atraviesa el mundo, que tan severamente está golpeando a nuestro país, y lo que consideramos podría hacerse en esta situación.

Las economías de prácticamente todos los países están pasando por una etapa de retroceso: el crecimiento se desacelera, los mercados se contraen, las cadenas productivas se desequilibran y en muchos casos se rompen, el desempleo aumenta exponencialmente, los niveles de vida caen, los créditos se restringen, a unos pega más fuerte, pero todos, en más o en menos, naciones, colectividades e individuos, están resultando afectados.

 

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Se prevé que este año la actividad económica mundial registre una reducción del 3.8%, que la economía norteamericana se contraiga -2,8% respecto al PIB, -6.2% la de Japón, -5.6% la de Alemania, -4.4% la de Italia, -4.1% la del Reino Unido, para sólo citar estas cifras correspondientes a las grandes potencias económicas.

 

Entre las economías emergentes, que en conjunto observarán en el año un modesto crecimiento de 1.6%, los países que tienen una fuerte dependencia de las exportaciones y de los precios de productos básicos, tendrán una contracción de sus economías: Brasil (-1.35%), Rusia (-6%) y México (según distintas estimaciones, puede variar entre cerca de -4 y alcanzar quizá hasta -7 o -8%).

 

Economías que han tenido altos crecimientos en los últimos años verán una desaceleración importante: China reducirá su crecimiento de 9% en 2008 a 6.5% este año, India pasará de 7.3 a 4.5% y el conjunto de África de 5.2 a 2%.

 

Otro factor que se está viendo seriamente alterado por la crisis global es el empleo: la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que el número de desocupados en el mundo, en este año, se moverá entre 24 y 52 millones de trabajadores, y que la pobreza alcanzará a 200 millones de personas más en los cinco continentes.

 

Un área con fuertes problemas es la del comercio mundial, que sufrirá una reducción en el año de por lo menos 13% y los flujos de capital verán una disminución del 6%.

 

En estas condiciones no hay lugar para el optimismo. Todos los pronósticos señalan que la crisis tardará más de tres años en tocar fondo y que la recuperación será lenta y difícil, y más lenta y más difícil será para países con economías altamente dependientes de factores externos como la nuestra.

 

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La reciente reunión del G-20, celebrada en Londres, en abril, planteó la necesidad de reformar el sistema financiero mundial, pero poco discutió sobre las reformas mismas, sus modalidades y alcances, y, sobre todo, cuando se discutirían en detalle, aunque existe conciencia que es urgente llevar a cabo esta discusión.

 

Entre los pocos acuerdos concretos que tomo el G-20 en Londres se encuentra el de incrementar los recursos del Fondo Monetario Internacional, iniciando de inmediato con una disponibilidad de 250 mil millones de dólares, que en corto plazo podrían elevarse hasta 500 mil. De aprobarse la emisión de derechos especiales de giro (DEG) por el equivalente a los 250 mil millones, algo menos de 100 mil corresponderían a los países en desarrollo. Este monto sólo cubrirá una parte mínima de las necesidades de financiamiento de estos países que, por otro lado, no se destinarán a enfrentar las necesidades sociales de los países de menor desarrollo, sino a cubrir las importaciones que los países llamados emergentes adquieren de los de mayor desenvolvimiento.

 

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En los diferentes países, las respuestas frente a la crisis han sido diversas. Las políticas contracíclicas adoptadas sólo de manera limitada han logrado restablecer la estabilidad de los mercados financieros o detener los desajustes y caídas en el aparato productivo, evidenciando que respuestas de orden nacional, que son las que hasta ahora se han venido dando, están resultando claramente insuficientes y deberán corresponderse y complementarse con otras medidas que produzcan impactos en el ámbito global.

 

En el marco global, la Organización de las Naciones Unidas se está planteando el diseño y adopción de medidas, por una parte, de corto plazo, para estabilizar la situación y asegurar la protección de los sectores de población más vulnerables, por la otra, de largo plazo, para evitar la recurrencia de la crisis y fortalecer las capacidades de respuesta, principalmente de los países en desarrollo, en el entendido que será indispensable la participación de todos para hacer factibles las reformas necesarias que conduzcan a la recuperación de la salud de la economía global y al restablecimiento de los equilibrios entre el papel del mercado y el papel del Estado.

 

Deberá insistirse en que la solución a la crisis, si bien parte de medidas que cada país adopte con alcances nacionales, debe contemplar medidas, tomadas en cada país, que tengan también impactos globales.

 

Ayudaría en la situación actual que los países de mayor desarrollo relativo, en sus paquetes de estímulos nacionales, consideraran medidas a tomar junto con los países en desarrollo para compensar los impactos negativos de la declinación del comercio mundial y de la menor intermediación del mercado financiero. Con estas visión, grupos asesores de la ONU plantean a la Secretaría General de la organización que recomiende se tomen acuerdos para que los países industrializados destinen al menos 1% de sus paquetes de estímulos económicos para compromisos de asistencia a los países en desarrollo, reconociendo y preservando el principio de tratamiento diferencial en sus tratos con esos países.

 

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En estos momentos existe reconocimiento general que los mercados han fallado por haber desatendido los gobiernos su función regulatoria y por no haber cumplido con el principio que los beneficios sociales deben ir siempre por delante de los económicos. Se reconoce igualmente que las instituciones financieras han fallado lamentablemente en sus funciones de autorregulación y que resulta indispensable diseñar mejores mecanismos de regulación para asegurar la solidez tanto de cada institución financiera como del sistema financiero en su conjunto, para proteger a los consumidores, mantener la competencia, asegurar acceso de todos al financiamiento y mantener la estabilidad de la economía.

 

Entre las medidas de carácter global que sin duda se estarán discutiendo en un futuro cercano se encuentran las siguientes: 1) la creación de un nuevo Sistema Global de Reservas, que pueda contribuir a la estabilidad global, el fortalecimiento económico y la equidad general, superando el hecho, hoy presente, que las economías más débiles están prestando a los países con altas reservas a intereses bajos, 2) reformar los mecanismos de gobierno de las Instituciones de Bretton Woods (FMI y Banco Mundial) y otras del sistema financiero global, como el Banco Internacional de Pagos, sus Comités y el Foro para la Estabilidad Financiera, dando mayor peso en las decisiones a los países en desarrollo, así como mayor transparencia en sus operaciones, 3) creación dentro del sistema de las Naciones Unidas de un Consejo de Coordinación Económica, equiparable a la Asamblea General y al Consejo de Seguridad, para evaluar las condiciones de desarrollo, fijar lineamientos en materias económicas, sociales y ambientales, y supervisar tanto las fluctuaciones de la inflación como la desocupación, la estabilidad financiera, la estabilidad sistémica, en función de factores estabilizadores y desestabilizadores, y los sistemas de protección social; deberá discutirse también respecto a la creación de 4) un Tribunal Internacional de Quiebras; así como tratar la creación de 5) un Fondo mundial para el desempleo, que se estima por especialistas podría iniciar urgentemente con 20 mil millones de dólares, 6) un Fondo mundial para refinanciar los créditos de la pequeña y mediana empresa, del orden del anterior, y 7) un Fondo mundial para inversión en infraestructura, de 40 a 50 mil millones de dólares, acordándose respecto a estos fondos que operaran a base de donaciones atadas a proyectos específicos, cuya ejecución pudiera debidamente supervisarse, y no concediendo créditos; y sobre la suscripción de acuerdos para 8) dar transparencia a la operación y establecer condiciones de competencia en materia de tarjetas de crédito; y, para 9) poner fin a los paraísos fiscales.

 

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Haciendo ahora referencia a nuestro país: el 8 de octubre pasado el gobierno anunció una serie de medidas para contrarrestar los efectos negativos de la crisis: una inversión en obras de infraestructura a realizarse a lo largo del 2009, con un monto adicional al inicialmente considerado en la propuesta de presupuesto de egresos para el 2009 de 53 100 millones de pesos, equivalentes al 1% del producto interno bruto, más 12 mil millones para dar inicio a una refinería de petróleo y la transferencia de los créditos que Petróleos Mexicanos fue obligado a contraer en el esquema de pidiregas a deuda pública del propio Pemex. Son medidas que, efectivamente, contribuirán a paliar los efectos negativos de la crisis, pero, objetivamente, no están hasta este momento sino instrumentadas en el mejor de los casos en sus fases iniciales y resultan claramente insuficientes ante la magnitud de sus efectos.

 

En el caso de México, como ya se dijo, el crecimiento de la economía será en este 2009 de un 4 a un 7 u 8% negativo, de finales del año pasado a la fecha se han perdido alrededor de 600 mil puestos de trabajo formales, las remesas del exterior se han reducido y seguirán a la baja, la construcción caerá 4.9% en el año y el peso se ha devaluado ya, en distintos momentos, entre 20 y 35%.

 

En estas condiciones, lo reitero, es indispensable que el Estado asigne más recursos y tome medidas concretas para la reactivación de la economía, la protección del empleo existente, la creación de nuevos puestos de trabajo, esto es, para el bienestar de la gente y el estímulo a la producción, a la economía real.

 

Aquí, además de crear los fondos y destinar los recursos necesarios a programas sociales y económicos en la emergencia, tendremos que pensar seriamente en que se logre una efectiva regulación de la operación de las instituciones financieras, una nueva regulación para los bancos mexicanos filiales de extranjeros –sobre todo en cuanto a las transferencias de divisas a sus matrices y en general al extranjero-, corregir, simplemente haciendo cumplir la ley, la actual situación ilegal de Citigroup-Banamex (que con parte de la reserva existente bien podría adquirirse por el Estado o apoyar su compra en un esquema de banca mixta y dar así paso a la reconstitución de una banca comercial efectivamente mexicana) y evitar que el caso se repita en otras instituciones, en revisar las funciones y la condición de autonomía formal del Banco de México, de modo que pudiera tener intervención no sólo respecto a la inflación, sino también en materia de crecimiento de la economía y del empleo.

 

Entre las medidas para enfrentar nuestra crisis, más grave y profunda que el catarrito del que hablaron con ligereza irresponsable voceros oficiales, en 2009 y en los años próximos, además de lo ya previsto y anunciado por las autoridades, debe hacerse un esfuerzo adicional del Estado, la empresa y todo mundo, para elevar de manera substancial la inversión productiva: en obra pública generadora directamente de empleo (caminos y bordos rurales, revestimiento de canales para riego, reparación de escuelas y hospitales), comunicaciones, obras hidráulicas, energía, en proyectos orientados a la substitución eficiente de importaciones y proyectos productivos impulsados mediante esfuerzos compartidos de empresa y gobierno, en áreas en las que existen experiencias y capacidades productivas, como textiles y vestuario, alimentos, productos plásticos, petrolíferos, fertilizantes, turismo, algunos bienes de capital y de consumo duradero.

 

La búsqueda de soluciones a la crisis obliga también a aprovechar las oportunidades que la propia crisis está abriendo, entre otras, las debilidades que está produciendo en las economías más desarrolladas. Así, por ejemplo, debieran aprovecharse los elevados déficits que registra nuestro comercio internacional con China (27 mil millones de dólares), Corea (12 mil), Japón (14 mil) o la Unión Europea (19 mil), para negociar financiamientos compensatorios, invocando las cláusulas de salvaguarda de los tratados de libre comercio que se han suscrito con esos países.

 

Finalmente, la situación actual hace evidente una vez más, la necesidad de llevar a cabo una verdadera reforma fiscal, que resulte socialmente equitativa, estimule la inversión productiva y dote al Estado de los recursos que reclama el desarrollo del país.

 

Todos, cada quien desde las trincheras que dispone, puede impulsar aquellas acciones, de alcances nacionales y globales, que lleven a mejorar la situación social y económica y eviten que la crisis se profundice y sobre todo, que se nos quede permanente, que sería lo peor que pudiera suceder.

 

Bibliografía:

ONU: “Recommendations by the Commission of Experts of the President of the General Assembly on reforms of the international monetary and financial system”. 19 de marzo del 2009.

Cuauhtémoc Cárdenas: “Trinidad: como el G-20, ¿vuelta a lo mismo”. “La Jornada”, 18 de abril del 2009.

David Ibarra: “Emergencia financiera”. Documento de trabajo. 8 de mayo del 2009.

Jorge Eduardo Navarrete: “La crisis global, América Latina y México”. Ciudad Universitaria, PCH, mayo 2009.